23 jun 2007

El equilibrio es imposible...


- Baila conmigo- le dije mientras ponía aquel disco que tanto me gustaba – baila conmigo por favor.
- No se bailar esta música, en realidad no se bailar ningún tipo de música.
- Confía en mi, deja que bailen nuestros corazones – mis palabras trataban de tranquilizarla mientras me acercaba a ella y la rodeaba con mis brazos por la cintura hasta atraparla con mi cuerpo – Solo déjate llevar por la melodía.

Notaba su respiración en mi cuello, la música y el latido de nuestros corazones era todo lo que podía oír, todo a nuestro alrededor desapareció en cuanto noté que su cuerpo se acoplaba al mío en tan perfecta armonía. Sentía su calor y deseé besarla, pero no quise estropear aquel momento, aquel equilibrio perfecto.
No se cuanto tiempo estuvimos así, el reloj marcaba unos diez minutos, pero para mí solo fueron segundos, efímeros, fugaces, como la felicidad lo es siempre. Entonces sonó su teléfono y la magia se rompió. Supongo que sabía quien la llamaba y fue como si oyera una alarma. Se apartó de mí bruscamente, como quien despierta de una pesadilla y comenzó a recoger sus cosas.

- Lo siento, tengo que irme.
- Pero…
- No digas nada, tengo que irme.

Y así, sin una explicación, porque tal vez yo ya la sabía, se marchó otra vez, ahora quizá para siempre. Puede que aquello solo fuera una despedida definitiva y en un instante, la música de mi cuarto desapareció y en mi cabeza comenzó a sonar el estribillo de una canción… el equilibrio es imposible…



16 jun 2007

CORAZÓN DE PLASTILINA


Me compré un corazón de plastilina. Lo compré, sí señor, porque lo necesitaba, porque sentía que el hueco que tenia en el pecho me obligaba a inclinarme hacia el lado derecho permanentemente. Intentaba disimular cuando me cruzaba con algún conocido. No me importaba si los extraños me miraban y veían a alguien defectuoso. Pero los conocidos me preguntarían y tendría que contarles que me dejaste, que me rompiste el alma, que te llevaste un río de lágrimas sin mojarte si quiera la chaqueta. Así que tomaba cualquier postura, me apoyaba en una farola y permanecía quieta tanto tiempo como durara la conversación, deseando que no se fijaran, que no se dieran cuenta. Hace unos días empezó a torturarme un dolor en el cuello. Mi cuerpo estaba desestabilizado y las cervicales ya no estaban tan alineadas como cuando caminaba firme. Y ayer encontré la solución en un escaparate. Decía “Corazones de plastilina para el día de la madre”. Los niños se los llevaban a casa y escribían su nombre y el de sus mamás. Yo compré uno. Pensé que tal vez debiera llevar dos por si no me cabía, pero la dependienta me dijo que eran fáciles de moldear, así que no necesitaba dos. Tuve que hacer varias pruebas, primero me inclinaba demasiado hacia la izquierda, luego demasiado hacia la derecha y tras varios corta y pega conseguí hacerme uno justo como el mío, igual de blando pero más seguro. Porque ¿quién iba a querer robar un corazón de plastilina? Además si me lo rompen puedo recoger los pedazos y moldearlo de nuevo. Ahora soy feliz, todo lo feliz que puede ser alguien con un corazón de plastilina de colores. Ya puedes quedarte el mío, no te lo pediré más, no lo necesito. Pero si te hace falta uno como éste, puedo darte la dirección de la tienda, hay muchas en la ciudad, pero en ésta te regalan un manual de iniciación: “Tú y tu nuevo corazón”.

14 jun 2007

Yo solo era una niña, y el mar, un sueño lejano que se difuminaba en las oscuras noches de inmensa soledad y silencio.
El cuerpo tumbado en la arena, los brazos extendidos hacia el cielo. Todo en vano. La Luna, altiva desde su pedestal de estrellas se burlaba con una mueca. Jamás llegaré a rozar si quiera su bello rostro, el resplandor que iluminaba pálidamente la cárcel con barrotes de tallos de rosas, repletos de espinas doradas, que me impedía ver los pétalos, las flores, la luz.
Yo solo era una niña que se sentía encerrada, atrapada en un mundo incomprensible, lleno de gigantes e impostores, de mentiras y miedos. En cada esquina, oculto, esperando el momento de engullirme hacia la profundidad de un laberinto, un monstruo acechaba mi cuerpo, que no mi alma.
Y yo deseaba salir volando por aquella diminuta ventana, y viajar, y sentirme libre.
Yo solo era una niña cuando aquellas voces sin rostro me condujeron a aquel lugar lleno de odio. Y mis pequeñas manos no podían derribar sus muros. Mis pupilas se dilataban, intentaban que mis ojos vieran quien había delante de mí, pero todo era un borrón, un absurdo borrón que producía mucho ruido. Me sentía incapaz de comprender lo que ocurría a mi alrededor.
Ahora me pregunto si durante todo aquel tiempo, en realidad, no estuve yo en el mismo infierno. No puedo recordar como salí de él. Tampoco estoy segura de haber salido, pero hace tiempo cesaron los golpes y los gritos. Hace tiempo alguien vino, tal vez enviado del cielo y se llevó la mancha de sangre que quedó en la alfombra el día que se llevaron a mi madre. Sus ojos brillaban mientras salía por la puerta. Comprendí que no volvería a verla, estaba para siempre condenada a vivir con el monstruo. Mi cuerpo le pertenecía, ahora más que nunca, todo lo demás, todo lo que yo era, se había ido marchitando, enredándose en jirones entre los tallos espinosos de las rosas.
No se como he llegado aquí, ni quien me trajo. Ahora lo que me ciega es la luz, una luz potente que se dirige a mí con dureza, sin descanso. Tal vez, desde allí arriba, mi madre me está indicando el camino hacia la libertad, tal vez fue ella la que me susurró al oído: “Abandona tu cuerpo y serás libre, dejarás de sentir el dolor y el miedo que te llenan los ojos de lágrimas. Abandona tu cuerpo y él jamás podrá tenerte”.
Hace tiempo que vi mi cuerpo tendido en el suelo, junto a una pared cubierta de rojo. El ruido dio paso al silencio y a esta luz que día tras día, segundo tras segundo, penetra a través de mis ojos y me impide soñar con el mar, con la arena y con la luna. Me mantiene despierta en un mundo desconocido donde las voces dejaron de gritar, ahora solo oigo susurros, y a veces, una suave música de fondo, como si estuviera dentro de una cajita de música con una de esas bailarinas que no cesan de girar.


Musica: Suzzane Vega - Luka


6 jun 2007

UNA HISTORIA DE AMOR Y DUDAS (Quinta parte)

Un día llegó la mala noticia. Reconozco que busqué en ella el consuelo y casi el perdón. Me habían despedido, en el supermercado se hizo una reducción de plantilla y me tocó la papeleta. Al enterarse de esto mis padres tuvieron la feliz idea de pedirme que volviera a casa; no tenía sentido que estuviera pagando un alquiler sino tenía trabajo. Les dije que ya estaba buscando otro y me resultaba más fácil hacerlo si vivía en el centro, allí había más posibilidades, además, no podía dejar tirada a Esther con todo el alquiler. Esta excusa no se la conté a ella, pero cometí el error de contarle lo demás.
Su respuesta fue que, primero, aquello solo era algo pasajero, volvería a trabajar y mientras tanto, podíamos vivir, un poco más justas, pero vivir juntas al fin y al cabo. Lo segundo que dijo tenía que ver con la proposición de mis padres. No lo habrían hecho si supieran que en realidad había una relación de por medio. Esa fue la primera vez que, indirectamente o no tan indirectamente, me hizo saber el resentimiento que llevaba dentro por el hecho de que mi familia aún no la conociera como pareja mía.
Aquella noche discutimos como nunca, en pocos minutos salieron a la luz todos esos pequeños detalles que nos vamos guardando dentro sin darle mayor importancia, pero que al parecer, forman un todo que carcome las entrañas hasta que es expulsado sin contemplaciones con el único fin de hacer daño.
Como me esperaba, intentó tirarme en cara el tiempo que había sacrificado de su trabajo como escritora para estar conmigo, que había dejado de acompañarla los fines de semana sin mostrar siquiera interés alguno. Ni siquiera sabía lo que yo hacía o dejaba de hacer porque nunca le contaba nada. Tuve que defenderme. Así, le puse ante la cara la evidencia de que fui yo quien le pidió que no dejase de escribir por mí, y era yo quien pasaba las noches sola en la cama, y quien tenía que soportar como flirteaba con todas las clientas guapas mientras a mi no me hacía ni un poco de caso. También era yo la que acabó por tragarse todas las tareas de casa, la que hacía las compras, preparaba la cena y lavaba su ropa.
Llegó un momento en que todo quedó en silencio, como si ya nos lo hubiéramos dicho todo. Tanto fue así que en más de un mes apenas mediamos palabra y procurábamos no coincidir demasiado tiempo en la misma estancia. Las miradas se calvaban como puñales.
[Continuará...]

2 jun 2007

SOLEDAD


He destruido a los más valerosos guerreros, a los más valientes y osados. He visto llorar a fuertes y débiles, cuerdos y locos. Ni el más adiestrado soporta el dolor, el que yo provoco. Y en sus ojos se dibuja el miedo y la tristeza y su corazón se llena de amargura.
Alguien dijo que la soledad puede ser buena compañera, pero soy tan fiel que me llevarás dentro el resto de tu vida. Y ninguna promesa de amor eterno resultó tan cierta, ni ninguna amenaza tan temida.
Me hallarás sin buscarme y si me buscas me hallarás, me odiarás y me amarás y siempre seré tu sombra, en el día y en la noche. Detrás de ti cuando seas feliz y abrazándote en las noches de luna e insomnio.
Jamás encontrarás en el mundo semejante compañera, la del guerrero, la del valiente y osado, la del fuerte y el débil, la del cuerdo y la del loco.
Escribirán sobre mí cientos de versos y en cada uno se reflejará tu alma. Me verán en el espejo cuando escruten el fondo de sus pupilas.
Estaré siempre ahí, etérea y real, vanidosa, paseándome por los silencios y convirtiéndome en eco de las despedidas.
Y cuanto más profundo me odies, más formaré parte de ti.