16 oct 2008

La muerte de un poeta.

Así terminaban años de trabajo estéril, de nada servían ya las horas de insomnio, pluma en mano, regalando con palabras perfectamente ordenadas los ojos que jamás llegaron a verlas.
Todo parecía perfectamente planeado, tal vez por un dios harto del tedio que produce no tener nada que hacer. Alguien lo había decidido por él, alguna voz proveniente de una fuerza suprema le había susurrado ya demasiadas veces que no merecía la pena el esfuerzo, nunca serás poeta, nadie llorará al leer tus versos.
El por qué escapaba a su comprensión, escribía con y desde el corazón, pero eso no parecía suficiente. Todo se convertía en vacío, las palabras, los gestos...
Los giros de la vida el habían colocado justo a su espalda, era espectador de su propia vida, viendo como transcurrían los días y no encontraba nada, material o inmaterial, que llenara aquel vacío.
Así que todo estaba decidido, estas serían las últimas palabras que escribiría, los últimos versos dedicados a un amor inexistente. Porque ya las palabras se negaban a salir de su mente, porque ya estaba cansado.
Le faltó el brillo de los ecos que se producen en el alma cuando alguien te susurra un te quiero que sale del corazón. Le faltaron los brazos que te arropan en la noche, los labios que sacian la sed de quien desea ser amado. Le faltó su musa, le faltó espíritu, el que diferencia a los escritores del resto de las personas. Le faltó saber escuchar los sonidos del silencio, los gritos de las miradas, le faltó comprender la belleza que rodea el todo del que formamos parte. Le faltó la poesía, la que él intentaba crear con la pobre base de la tinta y el papel.
Se disuelve la amargura al mezclara con los colores opacos de una oscuridad producida por la noche infinita que hay en los ojos de quien es incapaz de ver sin sentir, incapaz de ver y oír con el tacto, incapaz de escuchar las palabras que grita una rosa mientras se marchita en el suelo, dejando su huella eterna, la historia de una vida efímera que solo un poeta puede transformar en algo que perdura a pesar de los intentos del tiempo de borrarlos de la memoria.
Poco a poco va dejando de ser para no ser nada. Si no puede ser poeta, que puede hacer con las interminable noches en blanco en que las palabras no dejan de fluir en su cabeza. No puede ser nada.
Pero todo estaba ya decidido, un poeta había muerto desde el preciso instante en que dejó de verse reflejado en lo que escribía, en el momento en que dejó de verle sentido a sus versos, y con ello, a su existencia.
Ahora vaga por las calles, sonrisa ausente, mirada perdida en la inconfundible belleza de los brillos de un sol que ya no le inspira. Ahora no es más que una sombra penitente, ahora es la historia de un poeta que muere a cada paso, la historia que a otro escritor le proporcionará más noches de insomnio, miles de palabras y un montón de hojas manchadas de la tinta que él no fue capaz de derramar por no creer en sí mismo, por buscar afuera lo que solo se puede encontrar en uno mismo.
Así es como mueren los poetas, cuando dejan de ver poesía en cada gesto de la vida, en cada brisa, en cada sonrisa....
Sobre su mesa, repleta de escritos que ya nunca volvería a tocar, aún permanece a la espera ese último intento que se convirtió en despedida.


Con el corazón desierto,
Y la razón desocupada,
No siento nada,
Ya no te siento.

14 oct 2008

Descansa piedra inerte sobre el agua cristalina.

Nace del recuerdo, inequívoco séquito de demora.
Abarca la eternidad, la muerte que le acosa.
Sucumbe, ocaso efímero, a la noche siempre oscura.
La diosa de la luz celeste, embriaga mi cuerpo ahora.
Sucumbe y muere, se fin de este principio
Que nunca fue nada, que se extingue como la triste llama.
Déjame ser para siempre, piedra inerte de lava,
Déjame ser polvo, tierra seca, hora muerta del alba.
Nacimos desnudos ante la inconsciencia
Vivimos inconscientes en la tierra
Y morimos, solos, ante nuestros miedos y vergüenzas.
Yo no moriré solo, que me llevo mis recuerdos,
¿Y acaso no es la vida más que eso?
Descongestiona las arterias y respira intolerancia.
Escupe la sutil furia de las esquivas palabras.
Insustanciales lágrimas del pasado que no tiene remedio,
Adjetivos que no califican, pero desprecian.
Déjame ser aliento que no empañe el cristal,
Déjame ser el eco que se apaga antes de sonar.
Rencores desmemoriados
Que no recuerdan pero odian.
Poesías sin corazón que suenan en mi guitarra,
Desgarran la garganta que muere atormentada.
Crece, solo crece y deja que el viento reparta la semilla,
Despierta y crea, aprende a ser vida.
Descansa piedra inerte sobre el agua cristalina.

© Todos los derechos reservados y los izquierdos también.

10 oct 2008

10/X/08



Un enorme sol

se descubrió en el amanecer.

Tras las lágrimas de la noche,

llegó luz de nuevo a sus
ojos.

El reflejo.

Tropezó una noche con un reflejo que le miraba desde el otro lado de un escaparate de ropa de diseño. ¿Qué miras con esa cara de prepotencia?- habló el reflejo- ¿por qué crees que eres mejor que yo o que cualquiera? ¿qué has hecho en la vida para merecer eso?
- Al menos yo no vivo en un escaparate ridículo de ropas ridículas que nadie utiliza si no es para llamar la atención. Quizá sea eso lo que pretendes, llamar la atención.
- Si eso fuera lo que intento, podría decirse que lo he conseguido, he captado tu atención. Pero te equivocas, no pretendo nada. Tú te has parado frente a mí y me has insultado con tu mirada de superioridad. Yo solo me gano la vida, como puedo, como casi todo el mundo, y me siento orgulloso por ello. ¿Qué haces tú para ganarte la vida? Mentir y robar finamente a las personas que confían en ti. Supongo que esos no eran tus planes cuando tenías mi edad, pero en algún momento de tu vida, te desviaste del camino.
- ¿Qué sabes tú de mi? ¿Cómo te atreves a juzgarme sin conocerme?
- No hace falta ser ingeniero. Te has parado a hablar con un escaparate, con un reflejo, y aún no te has dado cuenta de que lo que ves, es tu propio reflejo. Te estás reprochando a ti mismo porque la fin has aceptado ver lo que todos ven.

Decidió que aquello no podía estar pasando, golpeó el cristal y vio como aquella imagen se transformaba levemente, mismo rostro, más arrugas, más tristeza y mucha arrogancia. Lo más notable era la mirada, ya no era la de un joven orgulloso, era la de un viejo triste y amargado. Así, tragó su amargura y aferrando su viejo maletín de cuero volvió a su enorme mansión vacía de personas y llena de soledad.

3 oct 2008

Un Mar Desierto - IX

Se destruye.
Metamorfosis de una mariposa
Que se convierte en gusano de seda.
Se disfraza de coraza.
Cae la noche.
Perturba el sueño la distancia,
Puedo verte, pero no te tengo.
El frío entra por la ventana.
El corazón,
Órgano obsoleto que muere,
Lento, siempre lento.
Mente y cuerpo.
El viento.
Alzo los brazos y creo tocarte,
Pero estás demasiado lejos.
La brisa se lleva mis besos.
Canta sirena,
En la yema de mis dedos.
Entra tu canto por mi piel
Y anida en el centro.
No escapo,
Porque no quiero.
Me ahogo en mi llanto,
No tiene remedio.
La luna,
Brillante esfera que observa,
Mi flagrante deseo de ser olvido
Fingido, forzado,
Anhelado y no conseguido.
Quizá mañana,
Quizá el destino.
Tal vez con la espera haya ganado,
Aunque seguro que otra vez
He perdido.